Por: Ana María Martínez Blanco. Consultora de Worktogether Group

Lic. en Conducta Humana, Coach Organizacional con Master en Coaching Ejecutivo Empresarial y Mentoring, Master Practitioner en PNL, Conferencista, Facilitadora y motivadora de empresas durante 35 años.

Cuando comencé a escribir este artículo pensé escribir un artículo formal y serio para apoyar a todas las personas que ahora han tenido que convertir su hogar en una oficina improvisada, pero después de algunos párrafos decidí que lo mejor es contarles mi experiencia.

Durante más de 35 años me he dedicado a la formación de personas en empresas, institutos y universidades, siempre de manera presencial y sin ningún atisbo de cambio a lo virtual, además la época en que nací no me acompaña mucho en lo tecnológico, creo que en un editorial les informé que a la edad de 8 años vi por primera vez la TV en  blanco y negro, esto para que se den una idea , no de mi edad sino de mi ignorancia en cuanto a tecnología se refiere.

Nunca antes hice cursos que no fuesen presenciales, porque no me hacía falta y además tenía el paradigma que todo esto de la tecnología era muy complicado. Cuando en el mes de Marzo decretaron confinamiento; el cual sigue en las mismas condiciones o peores, por lo menos en Venezuela, después de 5 largos meses, me empecé a plantear cómo hacía para meter a mis participantes en la sala de mi casa, creyendo que no podría trabajar porque solo estaba acostumbrada a hacerlo de una manera, la  presencial.

Todavía no recuerdo en qué momento debí de haber dicho la palabra “Eureka” o tal vez fue poco a poco, pero quiero decirles que ya estoy metiendo a los participantes en mi casa de manera virtual hace más de 3 meses, dándome cuenta que tal vez la tecnología no era el mayor desafío, parece increíble lo que acabo de decir pero es asi, ya las palabras plataforma, zoom, live, Instagram, google meet, stories, foro, chat, noisy, jitsi, googleclassroom, canva, prezi, genially, y pare usted de contar, se han convertido en mi nuevo léxico, creo que  el mayor desafío ha sido convertir mi casa en un salón de clase.

Imagino que como la gran mayoría nuestra casa era solo eso, una casa, un hogar, el lugar donde vivíamos y podíamos llegar a relajarnos después de la jornada laboral. Ahora se ha convertido en una oficina, un salón de clase, una empresa, un gimnasio y todo aquello que podamos llegar a imaginar y a lo cual hay que adaptarse; porque como decimos en Venezuela “eso es lo que hay”, al menos en estos momentos.

Y aquí paso a compartirles mis experiencias o peripecias como cita el título, muy particulares por cierto, recuerden que estoy en Venezuela:  primero tengo que  buscar el lugar con mayor acceso a internet, aunque realmente no hay ninguno, porque con la velocidad que tenemos en el país es todo un drama, recorro toda la casa en busca de espacio cómodo, bien iluminado y además con un fondo adecuado, la cámara debe ir sobre algún objeto para que quede a la altura de los ojos, busco un reloj para estar pendiente del tiempo, la extensión, el enchufe, cargo el celular previamente, teniendo cuidado de ponerlo en silencio y si es el caso de un LIVE quitar el bloqueo de pantalla, por último coloco un vaso de agua, eso si bonito para no perder el glamour.

Me arreglo como si fuera a salir a la calle a trabajar, lo que es realmente terapéutico para mí, escojo el vestuario con cuidado para no repetir, el maquillaje, los accesorios, adicional siempre me pongo perfume, que a mi parecer me da un toque algo chic y me sube la autoestima, además hay que vestirse completo, incluyendo calzado, no vaya a ser que tenga que moverme y se vean las zapatillas.

Y ahora a tengo que apartar las sillas de la mesa para dejar el espacio para que puedan pasar las otras personas de casa, cuidar de colocar los cables para que pasen sin tropezarse, llevarle a mi mamá el teléfono a su cuarto para que si suena no se escuche en la sala, pero “ley de Murphy” siempre que estoy conectada en algo importante suena, es una fija.

Vivo en una zona donde casi nunca hay ruidos fuertes “excepto cuando estoy conectada”, que parece que se ponen de acuerdo todas las motos y camiones para desfilar por delante de mi casa y está comprobado no tienen horario, y si con eso falta poco hay una vecina que ahora se metió a cantante y grita como si no hubiera un mañana.

Y claro, eso no es todo, cuando estoy conectada generalmente en el LIVE de Instagram de los jueves a las 4pm, espacio que cuidadosamente y con mucho esmero escogí para brindar a veces sola y a veces con invitados, temas importantes, les cuento que nos pasa de todo, no aparecemos en el LIVE, se ve la pantalla en negro, sencillamente no veo a mis invitados o ellos no me ven, parece que estamos en la radio jajaja, perdón pero es imposible no reírse, esa es la risa nerviosa y peor aun se va el wifi.

Con las conferencias he tenido más suerte y han salido bastante airosas, excepto cuando di una sobre “tips para trabajar online” y entre los puntos, uno importante era que  tratáramos de evitar que los niños nos interrumpieran, pero justo llegó mi nieta de 4 años y cuando me di cuenta la vi sentada a mi lado, muy callada  escuchándome  y yo mientras hablaba, rezaba para que se mantuviese calladita, que gracioso me resulta eso hoy después de dos meses, igualmente me ha ido bien con los cursos, aunque en ocasiones ha habido problemas y me he salido de la plataforma de Google meet para tener que entrar nuevamente, en fin hay que verse en el momento y con 15 participantes compartiendo por el chat que me habían perdido. Pero no se angustien, todo tiene solución, ese día pude volver a entrar y terminar mi clase.

Para finalizar y como conclusión de mi experiencia trabajando desde casa, quiero decirles que no se cuánto tiempo durará esta situación o si será para siempre; lo que está clarísimo es que esta nueva manera de vivir nos tiene que ayudar a convertirnos en personas más humanas, flexibles y no tan estrictas con nosotros mismos y con los demás, entender que a lo mejor no importa si hay un ruido, pasa el perro por detrás de la silla, o viene tu hijo y te interrumpe, en este momento no tenemos otra realidad y  por algo nos tocó  vivirla. Tal vez nos puede servir para tratar de convertirnos en mejores personas, entender que podemos atravesar por situaciones diferentes a las que estábamos acostumbrados y aun así el mundo sigue funcionando, que no todo tiene que ser perfecto, ni preocuparnos tanto por los pequeños detalles. En fin, esperemos que esta realidad nos convierta en un ser mucho más humano.

Atrévete a contarnos tus experiencias, quizás haya muchas divertidas

Te leemos en los comentarios

2 comentarios sobre “Las peripecias de trabajar desde casa

  1. De verdad que su testimonio me causó mucha risa y es que yo también vivo en Venezuela y soy profesora en la especialidad de Educación Inicial (jubilada), los docentes estamos acostumbrados a llevar siempre el trabajo a casa, porque siempre hay algo que corregir, algo que evaluar o planificar y tu círculo familiar siempre te insistía “no te traigas trabajo de la escuela para la casa” ahora y trabajando con adultos, la casa es la escuela y la computadora y los celulares son las Sras Chismosas de la calle, como usted afirma, entre buscar señal, arreglarse, buscar un espacio adecuado, hacer la comida, limpiar, lavar, preparar las ponencias, las clases, corregir……es agotador, sin embargo, agradecemos estar vivos, tener fuentes de ingreso y poder realizar emprendimientos en una época tan difícil y complicada a nivel mundial y bueno como buena venezolana, me encomiendo a Dios y seguidamente digo “para adelante es para allá “

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